La escalada arancelaria entre Estados Unidos y China en 2025: claves jurídicas y estratégicas para empresas internacionales
Introducción
En 2025, las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China se han tensado de forma significativa, generando un entorno de incertidumbre y complejidad para el comercio global.
Bajo la administración del presidente Donald Trump, Estados Unidos ha elevado los aranceles a productos chinos hasta alcanzar el 145% en algunos casos.
Esta cifra incluye un arancel base del 125% y un gravamen adicional del 20% relacionado con medidas para frenar el tráfico de fentanilo.
China ha respondido con aranceles del 84% sobre productos estadounidenses y con restricciones a la exportación de minerales estratégicos, como las tierras raras, esenciales para industrias de alta tecnología.
Este nuevo escenario plantea desafíos considerables desde la perspectiva jurídica y empresarial.
En particular, el Derecho Mercantil internacional ofrece un marco clave para entender cómo estas medidas afectan a los contratos, la planificación comercial y la toma de decisiones estratégicas de las empresas.
¿Qué está ocurriendo entre Estados Unidos y China?
Aunque las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China no son un fenómeno nuevo, en 2025 han alcanzado un nivel crítico.
La imposición de aranceles elevados por parte del gobierno estadounidense responde a una combinación de intereses comerciales, industriales y de seguridad nacional.
Como reacción, China ha adoptado contramedidas similares, intensificando un clima de confrontación que dificulta gravemente el comercio bilateral.
El impacto de este conflicto va más allá de las dos potencias. Numerosas multinacionales con dependencia de insumos clave o mercados estratégicos en Estados Unidos y China se encuentran atrapadas entre restricciones, costes crecientes y barreras regulatorias.
Industrias como la automoción, la electrónica, la farmacéutica o la tecnología ya enfrentan interrupciones en sus cadenas de suministro, encarecimiento de materias primas y nuevas trabas normativas. A su vez, sectores como el de alimentos procesados, manufactura básica, maquinaria industrial o energías renovables también sufren las consecuencias de este entorno volátil.
Esta situación ha obligado a muchas compañías a replantear sus inversiones, revisar sus estrategias logísticas globales y acelerar procesos de relocalización o diversificación geográfica ante la creciente inseguridad económica y normativa.
Implicaciones jurídicas: el Derecho Mercantil como herramienta de análisis y prevención
Desde una óptica jurídica, estas medidas arancelarias plantean varias cuestiones clave:
¿Se están respetando las normas internacionales?
Las reglas del comercio global están en gran medida reguladas por la Organización Mundial del Comercio (OMC), que promueve principios como el trato de nación más favorecida (que exige igualdad entre países) y la no discriminación.
Las medidas unilaterales, como las que han tomado EE. UU. y China, pueden contravenir estas normas, debilitando el sistema multilateral y generando inseguridad jurídica para las empresas.
Cabe destacar que el debilitamiento del sistema de solución de diferencias de la OMC agrava el problema, ya que limita la posibilidad de que los países afectados puedan reclamar formalmente ante las infracciones comerciales.
Este vacío institucional deja a las empresas en una posición de mayor vulnerabilidad.
¿Qué pasa con los contratos internacionales?
Muchos contratos firmados entre empresas de diferentes países no preveían este nivel de intervención arancelaria.
La ausencia de cláusulas específicas que contemplen estas alteraciones puede generar conflictos sobre precios, cumplimiento y responsabilidades.
Cláusulas como «fuerza mayor», «hardship» o «material adverse change» son herramientas útiles que deberían revisarse o incluirse en futuros acuerdos.
Asimismo, los contratos internacionales deben contemplar el efecto de las barreras no arancelarias —como la exigencia de licencias de importación, controles aduaneros más estrictos o demoras en inspecciones—, que han proliferado como respuesta indirecta a la escalada de medidas arancelarias.
¿Aumentarán los conflictos legales?
Sí. Las disputas entre empresas por incumplimientos contractuales derivados del nuevo entorno arancelario van a verse incrementados irremediablemente.
Cada vez más compañías recurren al arbitraje internacional o a litigios en tribunales especializados.
Contar con una buena estrategia jurídica preventiva puede evitar muchos de estos problemas.
Los sectores con acuerdos de suministro a largo plazo, aquellos que operan bajo contratos marco o los que dependen de licencias exclusivas, están particularmente expuestos a estos conflictos.
Por ello, resulta fundamental anticiparse a los posibles escenarios de litigio.
¿Qué pueden hacer las empresas ante este escenario?
Las empresas deben adoptar un enfoque proactivo. Aquí presentamos algunas acciones clave:
Revisar todos los contratos internacionales
Es fundamental examinar detenidamente las condiciones actuales de los contratos con clientes, proveedores y socios internacionales.
Es fundamental revisar los contratos vigentes para detectar cláusulas débiles o ausencias que puedan dejar a la empresa expuesta a riesgos imprevistos. Además, el nuevo escenario comercial hace necesario renegociar aquellos términos que, por su contenido o alcance, hayan dejado de ser viables o adecuados a la realidad actual.
La revisión debe incluir también los acuerdos logísticos, contratos con aseguradoras, convenios con distribuidores y agentes, así como las políticas internas que regulan la firma de nuevos acuerdos.
Una auditoría jurídica completa permitirá anticipar contingencias y adaptarse con mayor agilidad.
Diversificar proveedores y mercados
Una lección clara de este conflicto es que no conviene depender de un solo país para materias primas o productos clave.
Buscar proveedores en otras regiones, explorar acuerdos comerciales con nuevos mercados y desarrollar estrategias de nearshoring (subcontratar servicios a empresas de países cercanos o multisourcing (utilizar más de un proveedor para obtener productos, servicios o materiales)son prácticas cada vez más recomendadas.
Esto también puede incluir la evaluación de alianzas estratégicas, inversiones conjuntas (joint ventures), y la exploración de acuerdos preferenciales en bloques comerciales como el T-MEC, la Unión Europea o ASEAN.
Diversificar mercados no solo reduce riesgos, también abre nuevas oportunidades de expansión.
Consultar con expertos en comercio internacional
Disponer de asesoramiento jurídico en materia de derecho comercial internacional no solo facilita la resolución eficaz de conflictos, sino que también permite anticiparse a ellos mediante una planificación legal adecuada.
Asimismo, contar con el apoyo de abogados con experiencia en este ámbito puede ser clave para identificar oportunidades vinculadas a tratados de libre comercio, aprovechar ventajas aduaneras y recurrir a mecanismos alternativos de resolución de controversias que reduzcan costes y tiempos.
Analizar el impacto financiero y logístico
Los aranceles no solo afectan el precio final de los productos, sino también los márgenes, las proyecciones de costos y los tiempos de entrega.
Es clave realizar simulaciones financieras para distintos escenarios y tener planes de contingencia para reaccionar ante nuevos cambios regulatorios.
Asimismo, deben evaluarse opciones de financiamiento alternativo, coberturas de tipo de cambio, ajustes en los precios de transferencia y reestructuración de los contratos de transporte y almacenamiento para optimizar costos.
Invertir en tecnología para gestión de riesgos
La incorporación de plataformas tecnológicas para el seguimiento del cumplimiento normativo, la trazabilidad en la cadena de suministro y la automatización de procesos aduaneros se ha convertido en un factor diferenciador clave.
Estas soluciones no solo minimizan riesgos operativos, sino que también permiten a las empresas adaptarse con mayor rapidez y eficiencia ante cambios regulatorios o escenarios de incertidumbre internacional.
¿Cómo afecta todo esto al comercio global?
Las consecuencias del conflicto EE. UU.-China van mucho más allá de estos dos países.
El uso recurrente de medidas unilaterales pone en duda la efectividad de organismos como la OMC y puede provocar una desintegración del sistema comercial basado en reglas.
En su lugar, los países podrían apostar cada vez más por acuerdos bilaterales o regionales, lo que aumentaría la fragmentación normativa.
Este cambio estructural también conlleva una redefinición del papel de los Estados en la economía.
Las políticas industriales activas, el proteccionismo estratégico y la competencia geoeconómica entre bloques han resurgido como ejes del debate global.
Para las empresas, esto implica operar en un entorno con mayor volatilidad normativa y menor previsibilidad, lo que implica una mayor inseguridad.
El riesgo no se limita al comercio de bienes.
También se ve afectado el comercio de servicios, la inversión extranjera directa, la movilidad de profesionales y la cooperación tecnológica.
Todo esto exige a las empresas una visión integral de los riesgos geopolíticos y comerciales.
Estrategias para adaptarse y protegerse
Frente a esta realidad, las empresas deben adoptar medidas que les permitan adaptarse, reducir riesgos y asegurar su viabilidad a largo plazo:
Hacer una auditoría contractual completa
Llevar a cabo una revisión integral de los contratos internacionales vigentes permite detectar posibles vulnerabilidades y anticipar riesgos contractuales.
Es recomendable actualizar las cláusulas que regulan el impacto de cambios legislativos, reforzar o adaptar los mecanismos de resolución de disputas y asegurar la flexibilidad contractual necesaria ante eventuales alteraciones del entorno económico o normativo.
Además, conviene analizar qué contratos pueden beneficiarse de los tratados internacionales aplicables, así como valorar la posibilidad de redomiciliar ciertas operaciones hacia jurisdicciones más estables o ventajosas desde una perspectiva fiscal y legal.
Fortalecer las políticas de cumplimiento internacional (compliance)
Establecer políticas internas que garanticen el cumplimiento de normas aduaneras, sanciones, restricciones comerciales y normas fiscales internacionales es esencial.
La implementación de programas de compliance ayuda a evitar sanciones, pérdidas económicas y daños reputacionales.
El compliance no solo debe centrarse en aspectos regulatorios, sino también incluir políticas ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) para alinear la empresa con estándares internacionales y expectativas del mercado.
Diseñar una estrategia de diversificación y resiliencia
Esto implica no solo diversificar proveedores, sino también reestructurar la cadena de suministro, evaluar nuevos mercados, aprovechar tratados de libre comercio y desarrollar una estrategia fiscal y logística coherente con la nueva realidad.
Incorporar mecanismos de resolución alternativa de conflictos
Es recomendable incluir en los contratos cláusulas que permitan resolver disputas mediante arbitraje o mediación, procesos más rápidos y eficientes que la vía judicial.
Elegir bien la sede, el idioma y la ley aplicable puede marcar una gran diferencia en caso de conflicto.
Incluir cláusulas escalonadas de resolución de conflictos, que combinen negociación previa, mediación y arbitraje internacional, puede optimizar tiempos y recursos.
Además, deben considerarse los costos y la reputación vinculada a la forma en que se gestiona una disputa comercial.
Invertir en formación y actualización legal
Los equipos legales y comerciales de la empresa deben estar actualizados en normativa internacional, tendencias regulatorias y herramientas jurídicas.
Una buena preparación interna mejora la capacidad de respuesta ante eventos inesperados.
La capacitación continua debe extenderse también a áreas como logística, compras, finanzas y dirección general, para que toda la organización esté alineada frente a escenarios de disrupción comercial.
Conclusión
La escalada arancelaria entre Estados Unidos y China en 2025 representa un desafío serio para las empresas que operan a nivel internacional.
Más allá de los titulares, esta situación requiere análisis, preparación y estrategia.
El Derecho Mercantil internacional ofrece las herramientas necesarias para afrontar este escenario con mayor seguridad y eficacia.
Revisar contratos, diversificar fuentes de suministro, contar con asesoramiento legal especializado y consolidar los programas de cumplimiento normativo ya no son decisiones opcionales, sino pasos esenciales para preservar la estabilidad empresarial, proteger los intereses estratégicos y detectar nuevas oportunidades en un entorno comercial cada vez más complejo y volátil.
Además, es imprescindible avanzar hacia una cultura empresarial que integre la gestión estratégica del riesgo, incorporando la perspectiva jurídica en todas las fases de planificación y toma de decisiones.
La colaboración transversal entre departamentos, el uso eficiente de herramientas tecnológicas y una actualización continua frente a los cambios normativos y geopolíticos serán determinantes para competir y prosperar en este nuevo escenario global.
En definitiva, la clave para afrontar los desafíos actuales reside en anticiparse, adaptarse y actuar con inteligencia jurídica y visión estratégica a largo plazo.

RRYP Global, abogados de comercio internacional.
